Una historia de intuición, perseverancia y transformación con Parkinson
Cuando llegó a nuestra consulta, Marta (nombre ficticio), de 49 años, venía arrastrando un dolor persistente en el hombro izquierdo tras recibir la vacuna del COVID.
Había pasado ya por dos fisioterapeutas, pero el dolor seguía, sin avances claros.
Algo no encajaba.
En las primeras sesiones, observamos síntomas más profundos: cierta rigidez al caminar y un leve clonus en el brazo izquierdo.
No era solo el hombro… era su sistema nervioso el que pedía ayuda.
Decidimos seguir tratándola con fisioterapia, pero también derivarla al neurólogo.
Las pruebas confirmaron lo que intuíamos: signos compatibles con un estado pre-Parkinson.
A partir de ahí, comenzamos un trabajo conjunto e integral.
Sesiones específicas de fisioterapia, fisiopilates y acompañamiento cercano marcaron el camino.
🕊️ Hoy, un año después, Marta lo dice con una sonrisa serena:
“Estoy mejor que el primer día que llegué”.
Y no lo dice solo por el dolor que desapareció. Lo dice porque volvió a confiar en su cuerpo, en su capacidad de moverse, adaptarse y avanzar.
La fisioterapia no siempre cura, pero sí transforma.
A veces, lo más valioso no es eliminar un síntoma, sino abrir un nuevo camino con conciencia, movimiento y valentía.
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